13 de Septiembre, 2005

Espagiria

Por Filectio - 13 de Septiembre, 2005, 18:30, Categoría: E

Definición de Pernety (1787):

«Ciencia que enseña a dividir los cuerpos, a resolverlos y a separar sus principios, sea por vias naturales, sea por vias violentas. Su objeto es, pues, la alteración, la purificación y, de resultas, la perfección de los cuerpos, es decir, su generación y su medicina. Es por la solución que se alcanza este objetivo, en el cual uno fracasaría si se ignora la construcción y los principios de los cuerpos, puesto que ellos [construcción y principios] sirven a esta disolución. Se separan las partes heterogéneas y accidentales, para tener más fácil la reunión y unión íntima de las homogéneas. La Filosofía [natural] Espagírica propiamente dicha, es la misma que la Filosofía [natural] Hermética.»

Fulcanelli, en Las Moradas Filosofales, dedicó todo un capítulo (VII. Alquimia y Espagiria) a diferenciar una de la otra, ya que, en opinión del autor, «la antepasada real de nuestra química es la antigua espagiria y no la ciencia hermética misma. Existe, en efecto, un profundo abismo entre la espagiria y la alquimia.» Consultar, a este respecto, la definición de Arquimia.

(Artículo inconcluso, pendiente de más aportes)


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Arquimia

Por Filectio - 13 de Septiembre, 2005, 15:35, Categoría: A

Término usado por Fulcanelli para referirse a la Voarchadumia: «... la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros...».

Del Libro I de su obra Las Moradas Filosofales:

«Hubo en la Edad Media -verosímilmente, incluso, en la antigüedad griega, si nos referimos a las obras de Zósimo y de Ostanes- dos grados, dos órdenes de investigaciones en la ciencia química: la espagiria y la arquimia. Estas dos ramas de un mismo arte esotérico se difundían entre las gentes trabajadoras por la práctica de laboratorio. Metalúrgicos, orfebres, pintores, ceramistas, vidrieros, tintoreros, destiladores, esmaltadores, alfareros, etc., debían, al igual que los boticarios, estar provistos de conocimientos espagíricos suficientes que, luego, completaban ellos mismos en el ejercicio de su profesión. En cuanto a los arquimistas, formaban una categoría especial, más restringida, más oscura también, entre los químicos antiguos. La finalidad que perseguían presentaba alguna analogía con la de los alquimistas, pero los materiales y los medios de que disponían para alcanzarla eran únicamente materiales y medios químicos. Trasmutar los metales unos en otros; producir oro y plata partiendo de minerales vulgares o de compuestos metálicos salinos; obligar al oro contenido potencialmente en la plata y a la plata en el estaño a transformarse en actuales y susceptibles de extracción, tales eran las metas que se proponía el arquimista. Era, en definitiva, un espagirista acantonado en el reino mineral y que prescindía voluntariamente de las quintaesencias animales y de los alcaloides vegetales. Pues como los reglamentos medievales impedían poseer en la propia casa sin previa autorización hornos y utensilios químicos, muchos artesanos, una vez terminada su labor, estudiaban, manipulaban y experimentaban en secreto en su bodega o en su granero. Cultivaban la ciencia de los pequeños particulares, según la expresión un tanto desdeñosa de los alquimistas para designar aquellos "colegas" indignos del filósofo. Reconozcamos, sin menospreciar a estos útiles investigadores, que los más afortunados a menudo no lograban sino un beneficio mediocre, y que un mismo procedimiento, seguido al principio de éxito, no daba a continuación más que resultados nulos o inciertos.
» Sin embargo, pese a sus errores -o, más bien, a causa de ellos-, son ellos, los arquimistas, quienes han proporcionado a los espagiristas al principio y a la ciencia moderna luego, los hechos, los métodos y las operaciones de que tenían necesidad. Esos hombres atormentados por el deseo de investigarlo todo y aprenderlo todo son los verdaderos fundadores de una ciencia espléndida y perfecta a la que dotaron de observaciones justas, de reacciones exactas, de manipulaciones hábiles, de habilidades penosamente adquiridas. Saludemos a esos pioneros, a esos precursores, a esos incansables trabajadores y no olvidemos jamás cuanto hicieron por nosotros.
» Pero la alquimia, repetimos, no entra para nada en esas aportaciones sucesivas. Tan sólo los escritos herméticos, incomprendidos por los investigadores profanos, fueron la causa indirecta de los descubrimientos que sus autores jamás habían previsto. Así es como Blaise de Vignére obtuvo el ácido benzoico por sublimación del benjuí; como Brandt pudo extraer el fósforo buscando el alkaest en la orina; como Basilio Valentín -prestigioso adepto que no menospreciaba en absoluto los ensayos espagíricos- estableció toda la serie de sales de antimonio y realizó el coloide de oro rubí (Partiendo del tricloruro de oro puro, separado del ácido cloroáurico y lentamente precipitado por una sal de zinc unida al carbonato potásico en "cierta agua de lluvia". El agua de lluvia sola, recogida en una época dada en recipiente de zinc, basta para formar el coloide rubí, que se separa de los cristaloides por diálisis, lo que hemos experimentado innumerables veces y siempre con el mismo éxito); como Raimundo Lulio preparó la acetona y Casio, la púrpura de oro; como Glauber obtuvo el sulfato sódico y como Van Hemont reconoció la existencia de los gases. Pero con excepción de Lulio y de Basilio Valentín, todos esos investigadores, clasificados equivocadamente entre los alquimistas, no fueron sino simples arquimistas o sabios espagiristas. Por ello, un célebre adepto, autor de una obra clásica, puede decir con mucha razón: "Si Hermes, el padre de los filósofos, resucitara hoy con el sutil Jabir y el profundo Raimundo Lulio no serían hoy considerados como filósofos por nuestros químicos vulgares (Los arquimistas y los espagiristas son designados aquí por el autor con el epíteto general de químicos vulgares, para diferenciarlos de los verdaderos alquimistas, llamados aún adeptos (adeptus, el que ha adquirido) o filósofos químicos), que casi no se dignarían incluirlos entre sus discípulos porque ignorarían la manera de proceder a todas esas destilaciones, circulaciones, calcinaciones y todas esas operaciones innumerables que nuestros químicos vulgares han inventado por haber comprendido mal los escritos alegóricos de esos filósofos."»

«... en arquimia hay otros métodos cuyos resultados vienen a aportar la prueba de las afirmaciones filosóficas y que permiten realizar la descomposición de los cuerpos metálicos, largo tiempo considerados como elementos simples. Estos procedimientos, que los alquimistas conocen aunque no los utilicen en la elaboración de la Gran Obra, tienen por objeto la extracción de uno de los dos radicales metálicos: azufre y mercurio.»


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Voarchadumia

Por Filectio - 13 de Septiembre, 2005, 13:44, Categoría: V

Pernety (1787):

«Arte liberal dotado de la virtud de la Ciencia oculta. Es lo que en otros tiempos fue llamado la Ciencia cabalística de los metales. Jean-Agustin Pantheus, Presbítero Veneciano, ha hecho un Tratado [voarchadúmico], que se encuentra en el segundo volumen del Teatro Químico. Afirma que este Arte no tiene, en absoluto, la avaricia por objeto, y que el mismo es posible, verdadero, necesario; pero que no debe ser comunicado más que a los niños de los Sabios. Da tres definiciones [de la Voarchadumia]. Ya hemos dado la primera, he aquí las otras.

»Este Arte es como un régimen secreto que demuestra y hace ver claramente la disposición, la iluminación, la conversión, la constricción, la retención, la metalificación, la purificación, la multiplicación y la proporción de los cuerpos naturales, y de esa especie de untuosidad desconocida del vulgo, que es causa de la adhesión de las diferentes partes de los cuerpos entre ellos mismos, que explica los lazos invisibles del alma y del cuerpo, lo escondido y la cosa ocultante, lo denso y lo raro, lo divino y lo humano, la forma y la materia, lo fijo y lo volátil, los metales y las piedras, lo duro y lo blando, lo puro y lo impuro, lo simple y lo mixto; todo esto por un artificio instituido por el Dios Todopoderoso, por medio del fuego, del aire, del agua, de la tierra, o bajo el gran Arcano de las cuatro letras hebraicas lamed, kuph, cadic y samech, que significan, en la Voarchadumia, la misma cosa que zain, nun, mem y iod.

»La tercera definición es la siguiente. La Voarchadumia es un Arte de vena [filón] de Oro, que proporciona una substancia llena de una virtud metálica extractiva. Este Arte explica también que ella es la forma fija intrínseca, y el color amarillo natural del Oro, sus partes heterogéneas, combustibles, volátiles, que el Arte puede conducir a la perfección. Él define a continuación la materia de esta Obra, una substancia pesada, corporal, fija, fusible, dúctil, tiñente, rarificada y ocultada en la plata viva o mercurio y de un azufre incombustible metálico, reducido y transmutado en verdadero Oro por medio de la cementación. Nuestro Autor deriva el término Voarchadumia de las lenguas caldeanas y hebraicas, y la compone de Voarch, palabra caldea que en francés significa Oro, y de Mea à adumot, palabras hebreas que quieren decir de dos cosas rojas; es decir, de dos cementaciones perfectas.»

Fulcanelli en Las Moradas Filosofales:

«... la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros...»

Consultar Arquimia.


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