Los verdaderos
alquimistas siempre se han llamado entre sí Filósofos
y, de hecho, llaman a su ciencia, la Alquimia, Filosofía;
bueno, con el añadido de un adjetivo: Hermética. La
Alquimia, o Filosofía Hermética, se presenta, pues,
como una ciencia (filosofía) y una doctrina (hermetismo). La
filosofía presocrática, con sus teorías, hace de
la alquimia una ciencia natural, y la doctrina hermética, por
su carácter de revelación, hace de la alquimia una
ciencia sacra. Es, pues, de necios querer entender los antiguos
tratados cuando se carece del conocimiento científico-doctrinal
sobre los que los mismos descansan y se apoyan. Los cuatro elementos
(tierra, agua, aire, fuego), las fuerzas opuestas (amor-antipatía...
por ejemplo), la semilla de las cosas, la sustancia primigenia o
materia prima, el tiempo, el espacio, la vida universal, los átomos,
la Naturaleza, la interrelación entre lo infinitamente grande
y lo infinitamente pequeño, entre el hombre (microcosmos) y la
Creación (macrocosmos), las fuerzas misteriosas (dáimones)
encerradas en la hylé (materia), etcétera, etcétera;
son conocimientos que los autores de los tratados alquímicos
dan por supuestos en el acerbo intelectual de sus lectores más
allá de las meras palabras, es decir, un conocimiento profundo
de los conceptos y de las filosofías o doctrinas que los
apoyan; caso contrario, sus libros están definitivamente
cerrados para el tal lector, pues si bien «todos están
llamados a leerlos, no es para todos que están escritos.»
Los filósofos
presocráticos son los más antiguos de los que
conocemos, si no todo, al menos parte de su pensamiento y, como en el
caso de Pitágoras, por ejemplo, de sus doctrinas. Bucear en
sus filosofías, aparte de que puede resultar intelectualmente
muy excitante a la par que sorprendente, es hacerse con, al menos,
una parte considerable de las diversas teorías que estructuran
el pensamiento de los llamados «filósofos
químicos»... cuando menos. No es en vano que, al
final de El Misterio de las Catedrales, leamos este consejo: «El
discípulo sacará [... ] provecho [de este libro], a
condición, empero, de que no menosprecie las obras de los
antiguos Filósofos.» Unos filósofos, al menos
en el caso de aquéllos que nos han dejado algunos poemas
hexamétricos escritos por ellos, que, como se comprobará
en los documentos enlazados desde el blog, ponen, en momentos
críticos, en graves dificultades de interpretación a
sus comentaristas (G.S. Kirk, J.E. Raven y M.Schofield); algo
comprensible, si atendemos a la afirmación fulcanelliana: «la
cábala hermética era empleada mucho tiempo antes de
esta época [238 a.C.]
por los pitagóricos y los discípulos de Tales de Mileto
(640-560), fundador de la escuela jonia: Anaximandro, Ferecides de
Siros, Anaxímenes de Mileto, Heráclito de Éfeso,
Anaxágoras de Clazomene, etc.; en una palabra, por todos los
filósofos y los sabios griegos, como lo testimonia el papiro
de Leiden.» Pero esto es ya otra historia, si bien es un
detalle a sopesar por parte del lector.
La preocupación
fundamental de los filósofos presocráticos radicó
en el estudio de la Naturaleza (physis), de ahí que
fueran llamados y conocidos bajo el nombre de physicois
(físicos), y de la coherencia de las cosas como una totalidad.
A lo largo de los siglos VI y V a.C. se desarrollaron simultáneamente
intereses científicos más especializados, sobre todo en
el campo de la matemática, la astronomía, la geografía,
la medicina y la biología. Dado que los sofistas están
condenados por los filósofos herméticos, no los he
incluido (sus contribuciones positivas a la filosofía general
radican en el campo de la epistemología y de la semántica).
Y esto es todo. Sólo
desear un feliz y provechoso estudio a todo aquel que, por primera
vez, entre en contacto con los principales conceptos de estos
extraordinarios y antiguos sabios.
Listado por orden
cronológico:
Tales
de Mileto
Anaximandro
de Mileto
Anaxímenes
de Mileto
Jenófanes
de Colofón
Heráclito
de Éfeso
Pitágoras
de Samos
Parménides
de Elea
Zenón
de Elea
Empédocles
de Acragas
Filolao
de Crotona
Anaxágoras
de Clazomene
Arquelao
de Atenas
Meliso
de Samos
Leucipo
de Mileto y Demócrito de Abdera
Diógenes
de Apolonia
«Antes de
Tales», también de los mismos autores de estos
estudios, enlaza el documento Los
Precursores de la Cosmogonía Filosófica. Dado
que lo que en él se examina es el contexto más
mitológico (tradición) que racionalista (filosófico)
de los tiempos de Tales de Mileto y anteriores, resulta, a nuestros
ojos, sumamente atractivo, interesante... y, por qué no,
también revelador en la comprensión de ciertas ideas y
símbolos alquímicos.