Paracelso

Por Filectio - 18 de Septiembre, 2005, 11:20, Categoría: P

18 de Noviembre del 2005: Después de una serie de decepciones (como la promesa de una promoción que no ha sido cumplida por parte de los responsables de egrupos y elistas) con el servicio de Zoomblog y servicios relacionados, y tras casi un mes y medio de espera de la solución de los mismos (tiempo durante el cual no he escrito, como bien sabéis), los cuales había hecho saber en el foro al efecto para comunicar con los responsables de este servicio... he decidido abandonar Zoomblog y continuar mis escritos en la comunidad de Opera donde, entre otros beneficios, no tengo publicidad. No sólo se trata de una promesa incumplida, también está el hecho de que no puedo postear más que con IE o con el FF... el editor de texto que aparece en el Opera, que es mi navegador por defecto, no funciona en estos servicios... antes salía un editor plano, es decir, que tenía que incorporar el código html, pero no era problema... pero ahora POR NARICES, se tiene que usar el editor wisiwyg... el cual no funciona en Opera.

Pues nada: me traslado. Mi nueva dirección:






Pernety
en su Diccionario Mito-Hermético
(1787):


Célebre Médico Alemán que vivió hacia finales del siglo XVI. Dejó un gran número de obras tratando materias Filosóficas, Metalúrgicas y Medicinales. Se le cree discípulo de Basilio Valentín, Religioso Benedictino de Alemania. Paracelso quiso reformar la teoría y la práctica de la Medicina, y a este efecto es que publica unos principios muy simples, de los cuales parecía tener un gran conocimiento. Siempre hizo admirables curas, incluso de las enfermedades más desesperadas. Esta novedad, su ciencia y el éxito lo hicieron objeto de la envidia y, en consecuencia, de numerosísimos enemigos. Sus obras, escritas en un estilo metafórico, son hoy casi ininteligibles, a pesar de las claves que con esmero se han aplicado para descifrarlas. Pese a todo, se han recuperado un gran número de sus remedios, los cuales aún hoy son usados. Cambió los nombres de los ingredientes y sustituyó por barbarismos y palabras inventadas el nombre ordinario de los mismos. Como este Autor es muy seguido por aquellos que se aplican al estudio de la Filosofía Hermética, he creído deber rendirles servicio explicando en este Diccionario la mayor parte de esos nombres bárbaros, siguiendo a Beccher, Johnson, Rullandus y algunos otros Autores. La Medicina Paracélsica es la misma que la Medicina Hermética, si creemos a Blanchard.



Artículo de la Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005:


Paracelso, seudónimo de Theophrastus Bombastus von Hohenheim (c. 1493-1541), médico y químico suizo. Polémico y vitriólico, Paracelso rechazó las creencias médicas de su época afirmando que las enfermedades se debían a agentes externos al cuerpo y que podían ser combatidas por medio de sustancias químicas.


Nacido en Einsiedeln (hoy en Suiza), Paracelso obtuvo el título de médico, probablemente en la Universidad de Viena, y viajó mucho en busca del conocimiento alquímico, en especial en el campo de la mineralogía. Criticó con acidez la creencia de los escolásticos, procedente de los escritos del médico griego Galeno, de que las enfermedades se debían a un desequilibrio de los humores o fluidos corporales, y de que podían curarse mediante sangrías y purgas. Dado que creía que la enfermedad procede del exterior, Paracelso creó diversos remedios minerales con los que, en su opinión, el cuerpo podría defenderse. Identificó las características de numerosas enfermedades, como el bocio y la sífilis, y usó ingredientes como el azufre y el mercurio para combatirlas. Muchos de sus remedios se basaban en la creencia de que “lo similar cura lo similar”, por lo que fue un precursor de la homeopatía. Aunque los escritos de Paracelso contenían elementos de magia, su revuelta contra los antiguos preceptos de la medicina liberaron el pensamiento médico, permitiéndole seguir un camino más científico.



Artículo de la Enciclopedia Planeta Multimedia edición 2005 DVD-ROM


Paracelso, Philippus (Einsiedeln 1493-Salzburgo 1541) Médico y alquimista suizo. Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, que adoptó luego el nombre de Paracelso para significar su autoestimada superioridad al Celso latino, fue hijo de un médico, quien, a la muerte de su esposa en 1502, se trasladó a la ciudad de Villach.


El éxito obtenido al curar a un editor de Basilea, amigo de Erasmo de Rotterdam, le valió ser nombrado médico de la ciudad de Basilea, con derecho a dictar cursos en la universidad. Su desprecio por la tradición y su fe en el poder curativo de los productos químicos le mantuvieron en conflicto con las autoridades académicas, hasta que en 1528 se vio obligado a huir tras perder un litigio por una cuestión de honorarios. Empezó entonces un nuevo período de peregrinación, hasta que, en 1541, halló refugio en el arzobispado de Salzburgo.


La personalidad de Paracelso, de ánimo exaltado y propenso a la charlatanería, hace difícil estimar su papel en el desarrollo de la ciencia y de la medicina. Pese a insistir en el valor de la experiencia por encima del respeto a las enseñanzas tradicionales, sus teorías están fundadas en la antigua idea de una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos. Su medicina está construida sobre cuatro columnas, que son la filosofía, la astrología, la alquimia y la virtud. Con todo, parece haber influido sobre el pensamiento de su tiempo al proporcionar a la alquimia una nueva orientación hacia la preparación de productos medicinales. Su insistencia en la necesidad de utilizar compuestos puros en lugar de mezclas indeterminadas preparó el camino a la idea de composición elemental de los productos químicos.



Capítulo Paracelso y la medicina espagírica en La Alquimia de Lucien Gerardin.


Capítulo en torno a Paracelso, La vida, proceso químico, de Reinhard Federmann en La Alquimia.



Albert Poisson en Teorías y Símbolos de los Alquimistas (1891):


... El representante más ilustre de la alquimia del siglo XVI es Paracelso. Jamás ningún reformador fue tan violento, jamás hombre alguno tuvo tantos amigos entusiastas y tantos enemigos encarnizados. Un volumen entero no sería suficiente para enumerar las obras de sus discípulos y los panfletos de sus detractores. Los más conocidos paracelsistas fueron Thurmeysser, Croll, Dorn, Roche-le Baillis, Bernard Penot, Quercetanus y, sobre todo, Libavius...


... Los primeros alquimistas no tenían otra meta que la transmutación de los metales, pero más tarde se plantearon muchos otros problemas. En su orgullo, creían poder igualarse a Dios y crear toda suerte de seres animados. La idea parte de la leyenda de Alberto Magno que había construido un autómata de madera, un androide al cual le había dado la vida por medio de poderosos conjuros. Paracelso fue más lejos y pretendia poder crear un ser vivo de carne y hueso, el homunculus. En su tratado De natura rerum (Paracelsi opera omnia medico chimico chirurgica, vol. II) encontramos la manera de proceder. En un recipiente se colocan diferentes productos animales que no nombraremos por vergüenza ajena; las influencias favorables de los planetas y un suave calor son necesarios para el éxito de la operación. Pronto un ligero vapor se elevará en el recipiente y tomará poco a poco la forma humana; la pequeña criatura se agita, habla, el homunculus ha nacido. Paracelso indica muy seriamente el servicio que nos puede dar y la forma de alimentarlo...


... La sal fue introducida como un tercer principio, sobre todo por Basilio Valentín, Khunrath, Paracelso, en una palabra: por los alquimistas místicos. Roger Bacon, antes que ellos, ya había hablado de la misma, pero incidentalmente y sin atribuirle ninguna cualidad especial, sin ocuparse mucho de ella; por el contrario, Paracelso arremete contra sus predecesores porque no conocían la sal. «Ellos han creído que el Mercurio y el Azufre eran los principios de todos los metales, y ni en sueños han mencionado el tercer principio» (en El tesoro de los tesoros). Pero la sal se revela de una importancia insignificante y, poco después de Paracelso, la mayoría de los alquimistas la ignorarán con su silencio...


... Los alquimistas reconocían, unánimemente, la acción de los planetas sobre los metales. Paracelso va más lejos y especifica esta acción. Según él, cada metal debe su nacimiento al planeta del cual lleva el nombre, los seis planetas unidos cada uno a dos constelaciones zodiacales le dan diversas cualidades. Así, «La Luna [plata] debe a Aries, Piscis y Marte su dureza y su sonoridad agradable. Debe a Venus, Géminis y Libra su resistencia a la fusión y su maleabilidad. En fin, Saturno, Escorpio y Capricornio le dan su densidad y un cuerpo homogéneo, etc.» (Paracelso: El Cielo de los Filósofos)...


... La Alquimia heredada de los Griegos estaba, en razón mismo de su origen, mezclada con la magia y la teurgia. Mas tarde, gracias a los filósofos árabes, esta ciencia se depura para, entre los siglos XV y XVI, volver a aliarse de nuevo a las ciencias ocultas propiamente dichas.


A partir de entonces, un gran número de alquimistas buscarán en la Cábala, en la Magia, en la Astrología, la llave de la Gran Obra. Paracelso no admitía entre sus discípulos más que a gentes versadas en la astrología, como él mismo afirma en El Tesoro de los tesoros.


Mientras que sus predecesores o contemporáneos, Calid, Valois, Blaise de Vigenère, admitían simplemente la acción de los astros en la generación de los metales, Paracelso iba más lejos y pretendía calcular cuándo y cómo los planetas influían sobre los metales. Siguiendo esta doctrina, algunos alquimistas se aliaron íntimamente a la astrología y al hermetismo y no comenzaban jamás una operación sin estar seguros, de antemano, que los planetas les serían favorables.


También es a Paracelso a quien se debe la introducción de poderes cabalísticos en la Alquimia. Él condensó sus doctrinas ocultistas en su Tratado de Filosofía oculta y en sus Archidoxes magiques.


Esto nos obliga a hablar de la Cábala. Esta ciencia consiste en descomponer las palabras adicionándoles el valor numérico de las letras y de ahí se extraen, según unas reglas especiales, todas las deducciones posibles. Así, el número cabalísto del oro en hebreo es 209, es el ornamento del reino mineral, y corresponde a Jehovah en el mundo de los espíritus.


Hoeffer, en su Historia de la química, ha consagrado algunas páginas a la cábala aplicada a los metales. La Alquimia, ciencia de observación, nada provechoso podía sacar de su alianza con la Cábala, ciencia puramente especulativa. La adición de elementos extraños no podía sino volverla mucho más oscura, aquí Paracelso cometió su mayor y tonto error.


Antes que él, Basilio Valentín había hecho algunos ensayos en el mismo sentido, descomponiendo el término Azoth de la siguiente manera: «Azoth, comienzo y fin, pues él es A y O, presente en todo lugar. Los filósofos me han adornado con el nombre de Azoth, los latinos A y Z, los griegos a y ?, los hebreos aleph y thau, todos los cuales significan y forman Azoth» (El Azoth de los filósofos).


Después de Paracelso, no se encuentran apenas que sólo dos autores que hayan tratado especialmente la Cábala alquímica. Estos son Panthée, sacerdote veneciano, y Jean Dee, alquimista y matemático inglés. Panthée ha escrito dos tratados; uno es el Arte y Teoría de las transmutaciones metálicas, y el otro: Voarchadumia. En ellos uno encuentra que el número de la generación es 544, el de la putrefacción es 772, que el mercurio, el oro y la plata corresponden a las letras hebreas seth, he, vau, y otras tonterias parecidas. Jean Dee, en su tratado la Mónada jeroglífica, ha ensayado de constituir una cábala particular con la ayuda de los símbolos alquímicos. Así, para él, el símbolo del mercurio representa la Luna (semicírculo), el Sol (círculo) y los cuatro elementos (cruz). Además, el signo del Sol representa la mónada figurada por el punto en torno al cual el círculo simboliza el Mundo. Este curioso tratado se encuentra impreso en el segundo volumen del Theatrum chimicum.


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