A

Arte Sacerdotal

Por Filectio - 16 de Septiembre, 2005, 21:15, Categoría: A

Pernety, en su Diccionario Mito-Hermético (1787), aporta tres testimonios:

Fue, entre los egipcios, lo que nosotros llamamos actualmente la Filosofía Hermética. (Alkandi, citado por Kirker).
Este arte consistía en el conocimiento perfecto de los procedimientos de la Naturaleza en la producción de los mixtos, y no se enseñaba más que por jeroglíficos y términos misteriosos, de los cuales no se daba la verdadera explicación más que a aquellos que, tras una muy larga prueba, se hacían juzgar dignos de ser iniciados en un misterio tan grande. Los Sacerdotes estaban obligados a guardar el secreto, bajo pena de muerte para aquellos que lo violaran. No se comunicaba más que en el Santuario. (San Justino, quest. ad Ortod.)
Pitágoras consintió en sufrir la circuncisión para ser iniciado en él. (San Clemente, Alex. 1,1. Strom.)

(Artículo inconcluso, pendiente de más aportes)



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Arquimia

Por Filectio - 13 de Septiembre, 2005, 15:35, Categoría: A

Término usado por Fulcanelli para referirse a la Voarchadumia: «... la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros...».

Del Libro I de su obra Las Moradas Filosofales:

«Hubo en la Edad Media -verosímilmente, incluso, en la antigüedad griega, si nos referimos a las obras de Zósimo y de Ostanes- dos grados, dos órdenes de investigaciones en la ciencia química: la espagiria y la arquimia. Estas dos ramas de un mismo arte esotérico se difundían entre las gentes trabajadoras por la práctica de laboratorio. Metalúrgicos, orfebres, pintores, ceramistas, vidrieros, tintoreros, destiladores, esmaltadores, alfareros, etc., debían, al igual que los boticarios, estar provistos de conocimientos espagíricos suficientes que, luego, completaban ellos mismos en el ejercicio de su profesión. En cuanto a los arquimistas, formaban una categoría especial, más restringida, más oscura también, entre los químicos antiguos. La finalidad que perseguían presentaba alguna analogía con la de los alquimistas, pero los materiales y los medios de que disponían para alcanzarla eran únicamente materiales y medios químicos. Trasmutar los metales unos en otros; producir oro y plata partiendo de minerales vulgares o de compuestos metálicos salinos; obligar al oro contenido potencialmente en la plata y a la plata en el estaño a transformarse en actuales y susceptibles de extracción, tales eran las metas que se proponía el arquimista. Era, en definitiva, un espagirista acantonado en el reino mineral y que prescindía voluntariamente de las quintaesencias animales y de los alcaloides vegetales. Pues como los reglamentos medievales impedían poseer en la propia casa sin previa autorización hornos y utensilios químicos, muchos artesanos, una vez terminada su labor, estudiaban, manipulaban y experimentaban en secreto en su bodega o en su granero. Cultivaban la ciencia de los pequeños particulares, según la expresión un tanto desdeñosa de los alquimistas para designar aquellos "colegas" indignos del filósofo. Reconozcamos, sin menospreciar a estos útiles investigadores, que los más afortunados a menudo no lograban sino un beneficio mediocre, y que un mismo procedimiento, seguido al principio de éxito, no daba a continuación más que resultados nulos o inciertos.
» Sin embargo, pese a sus errores -o, más bien, a causa de ellos-, son ellos, los arquimistas, quienes han proporcionado a los espagiristas al principio y a la ciencia moderna luego, los hechos, los métodos y las operaciones de que tenían necesidad. Esos hombres atormentados por el deseo de investigarlo todo y aprenderlo todo son los verdaderos fundadores de una ciencia espléndida y perfecta a la que dotaron de observaciones justas, de reacciones exactas, de manipulaciones hábiles, de habilidades penosamente adquiridas. Saludemos a esos pioneros, a esos precursores, a esos incansables trabajadores y no olvidemos jamás cuanto hicieron por nosotros.
» Pero la alquimia, repetimos, no entra para nada en esas aportaciones sucesivas. Tan sólo los escritos herméticos, incomprendidos por los investigadores profanos, fueron la causa indirecta de los descubrimientos que sus autores jamás habían previsto. Así es como Blaise de Vignére obtuvo el ácido benzoico por sublimación del benjuí; como Brandt pudo extraer el fósforo buscando el alkaest en la orina; como Basilio Valentín -prestigioso adepto que no menospreciaba en absoluto los ensayos espagíricos- estableció toda la serie de sales de antimonio y realizó el coloide de oro rubí (Partiendo del tricloruro de oro puro, separado del ácido cloroáurico y lentamente precipitado por una sal de zinc unida al carbonato potásico en "cierta agua de lluvia". El agua de lluvia sola, recogida en una época dada en recipiente de zinc, basta para formar el coloide rubí, que se separa de los cristaloides por diálisis, lo que hemos experimentado innumerables veces y siempre con el mismo éxito); como Raimundo Lulio preparó la acetona y Casio, la púrpura de oro; como Glauber obtuvo el sulfato sódico y como Van Hemont reconoció la existencia de los gases. Pero con excepción de Lulio y de Basilio Valentín, todos esos investigadores, clasificados equivocadamente entre los alquimistas, no fueron sino simples arquimistas o sabios espagiristas. Por ello, un célebre adepto, autor de una obra clásica, puede decir con mucha razón: "Si Hermes, el padre de los filósofos, resucitara hoy con el sutil Jabir y el profundo Raimundo Lulio no serían hoy considerados como filósofos por nuestros químicos vulgares (Los arquimistas y los espagiristas son designados aquí por el autor con el epíteto general de químicos vulgares, para diferenciarlos de los verdaderos alquimistas, llamados aún adeptos (adeptus, el que ha adquirido) o filósofos químicos), que casi no se dignarían incluirlos entre sus discípulos porque ignorarían la manera de proceder a todas esas destilaciones, circulaciones, calcinaciones y todas esas operaciones innumerables que nuestros químicos vulgares han inventado por haber comprendido mal los escritos alegóricos de esos filósofos."»

«... en arquimia hay otros métodos cuyos resultados vienen a aportar la prueba de las afirmaciones filosóficas y que permiten realizar la descomposición de los cuerpos metálicos, largo tiempo considerados como elementos simples. Estos procedimientos, que los alquimistas conocen aunque no los utilicen en la elaboración de la Gran Obra, tienen por objeto la extracción de uno de los dos radicales metálicos: azufre y mercurio.»


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Alquimia

Por Filectio - 11 de Septiembre, 2005, 21:39, Categoría: A

Definición del DRAE (Diccionario Real Academia Española).

Artículo sobre la Alquimia por la Enciclopedia Encarta de Microsoft.

Artículo sobre la Alquimia por la Enciclopedia Planeta.

Artículo en la Enciclopedia libre, Wikipedia. (Amplísimo)

Ya en 1787, Pernety, en su Diccionario Mito-Hermético, creyó necesario, en su definición de Alquimia, diferenciar a ésta de la ya entonces pujante Química.

«La Alquimia es una parte muy oculta de la Filosofía natural y la parte más necesaria de la Física.» (De Instrucción de un Padre a su Hijo acerca del Árbol Solar. Anónimo.)

Fulcanelli, controvertido y enigmático personaje, denigrado por unos y considerado por otros como el último alquimista del siglo XX, en su obra Las Moradas Filosofales, capítulo III (La Alquimia Medieval), ofrece esta definición, previo aporte del concepto de otros autores: «Muchas controversias se han desarrollado a propósito de las diversas etimologías atribuidas a la palabra alquimia. Pierre-Jean Fabre, en su L'abrégé des Secrets chymiques, pretende que se relacione el nombre de Cam, hijo de Noé, que habría sido el primer artesano, y escribe alchamie. El autor anónimo de un curioso manuscrito piensa que 'la palabra alquimia deriva de als, que significa sal, y de quimia, que quiere decir fusión. Y así está bien dicho, porque la sal, que es tan admirable, está usurpada'. Pero si la sal se dice alj en lengua griega, ceimeia, en lugar de cumeia, alquimia, no tiene otro sentido que el de jugo o humor. Otros descubren el origen en la primera denominación de la tierra de Egipto, patria del Arte sagrado, Kymia o Chemi. Napoleón Landais no halla ninguna diferencia entre las dos palabras química y alquimia, y se limita a añadir que el prefijo al no puede ser confundido con el artículo árabe y significa tan sólo una virtud maravillosa. Quienes sostienen la tesis inversa sirviéndose del artículo al y del sustantivo quimia (química), entienden designar la química por excelencia o hiperquímica de los ocultistas modernos. Si debemos aportar a este debate nuestra opinión personal, diremos que la cábala fonética reconoce un estrecho parentesco entre las palabras griegas ceimeia, cumeia y ceuma, el cual indica lo que fluye, discurre, mana, y se refiere de modo particular al metal fundido, a la misma fusión y a toda obra hecha de un metal fundido. Sería ésta una breve y sucinta definición de la alquimia en tanto que técnica metalúrgica (Esta definición convendría mejor a la arquimia o voarchadumia, parte de la ciencia que enseña la trasmutación de los metales unos en otros, antes que a la alquimia propiamente dicha). Pero sabemos, por otra parte, que el nombre y la cosa se basan en la permutación de la forma por la luz, fuego o espíritu. Tal es, al menos, el sentido verdadero que indica el lenguaje de los pájaros.» Para una visión más amplia, consultar el mensaje La Alquimia de Fulcanelli.

Paracelso, en El Cielo de los Filósofos: «La Alquimia es una ciencia que enseña a cambiar los metales de una especie en metales de otra especie.»

En Opúsculo de la Filosofía natural de los metales, Denys Zachaire dice: «[La alquimia] es una parte de la filosofía natural, la cual demuestra la Forma de hacer los metales con tierra, imitando a la Naturaleza en sus operaciones, todo lo más exactamente que le sea posible.»

Roger Bacon, en su Espejo de Alquimia, intenta ser preciso y exacto en su definición: «La Alquimia es la ciencia que enseña a preparar una cierta medicina o elixir, la cual, siendo proyectada sobre los metales imperfectos, les comunica la perfección, en el momento mismo de la proyección.»

Lucien Gerardin: «La alquimia tiene dos caras: la teórica y la práctica. La alquimia teórica se presenta como un sistema general del mundo; la alquimia práctica extrae consecuencias concretas: por ejemplo, la transmutación en oro. La alquimia nació en el siglo III antes de nuestra era, como síntesis genial de las experiencias de los primeros tecnólogos y de la filosofía griega, heredera de la cosmología babilónica y persa.»

Reinhard Federmann: «¿Qué es la alquimia? ¿Es acaso una ciencia? Efectivamente, es la ciencia del pretendido arte de fabricar oro. Esta es, en cierto modo, una respuesta muy primitiva, pero tiene la ventaja de no contener ninguna inexactitud.»

Titus Burckhardt: «La palabra alquimia deriva de la voz árabe al-kimiya, que, a su vez, proviene, al parecer, del egipcio keme y designa la «tierra negra», que puede ser tanto la denominación del propio país de Egipto, como el símbolo de la materia prima de los alquimistas. También podría ser que la expresión derivara del griego chyma, que significa «fundir» o «derretir». Sea como fuere, los apuntes alquímicos más antiguos que se conservan se hicieron sobre papiros egipcios. No demuestra nada el hecho de que no poseamos documentos alquímicos de la primera civilización egipcia, ya que una de las características esenciales de todo arte sagrado es la transmisión oral; en la mayor parte de los casos, su registro por escrito constituye un primer indicio de decadencia, o bien revela el temor a que pudiera perderse la transmisión oral. Por tanto, es del todo natural que el llamado Corpus Hermeticum, que abarca todos los textos atribuidos a Hermes-Thot, haya llegado hasta nosotros en lengua griega y redactado en un estilo más o menos platónico. Sin embargo, tales textos recogen esencialmente el auténtico legado de una civilización distinta, y no son en modo alguno invenciones griegas arcaizadas, como demuestra su fecundidad espiritual.»

(Artículo inconcluso, pendiente de más aportes)


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